En la ciudad sin alma de los trámites y los ventanales espejados, en esa mole gris de los edificios gubernamentales donde el poder se desliza como una sombra sin rostro, una voz persiste, áspera y antigua, como si viniera de una raíz enterrada en siglos de injusticia. Es la voz de los maestros. Otra vez. Siempre.
Este 2 de junio, en una conferencia de prensa convocada por los siete secretarios generales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no se habló sólo de exigencias. Se habló de memoria. De lucha. De resistencia convertida en acto cotidiano. De la abrogación pendiente de una ley infame —la del ISSSTE de 2007—, ese armazón técnico y letal que vacía el futuro de quienes lo han dado todo por formar el del país.
Desde la calle, donde las carpas siguen siendo el techo precario de una constancia heroica, la CNTE dijo lo suyo. Y no gritó: habló. Con dolor, con una dignidad terca, con una claridad que incomoda porque revela la mentira elegante de los discursos oficiales. Porque ahí, en ese templete improvisado, entre pancartas y la luz mordiente del mediodía, el magisterio volvió a poner en la mesa una verdad elemental: que un país que maltrata a sus maestros renuncia a sí mismo.
La maestra Jenny Araceli Pérez, de la Sección 22 de Oaxaca, fue la primera en tomar el micrófono. Sus palabras no eran consignas, eran diagnósticos. Recordó que los ofrecimientos del gobierno federal —esos “cinco ejes” entregados el 28 de mayo— fueron leídos, discutidos, digeridos por las bases, no en mesas lujosas sino en asambleas polvorientas, entre lonas, tazas de café amargo y la espera de algo más que limosnas. La respuesta, clara: no basta. No sirve. “Ni un paso atrás”, dijo. Y no fue un grito: fue un latido.
A su lado, Elvira Vélez Morales, de la Sección 14 de Guerrero, hizo algo necesario, habló en lengua de la lluvia, invocó lo que no se traduce, recordó que los pueblos originarios no son una postal para actos folclóricos en Palacio Nacional. Que también ellos, los docentes bilingües, cargan el peso del olvido institucional. Y lo hizo con esa serenidad rabiosa que sólo nace del hartazgo profundo. “Se necesita voluntad política, no rituales simbólicos”.
Y allí está la trampa semántica del poder: habla de “revalorizar” al magisterio mientras sostiene la arquitectura jurídica de un sistema de pensiones neoliberal. Habla de “primero los pobres” mientras margina al gremio que más ha sostenido los huesos del país. El contraste es ofensivo, pero no sorprendente.
El secretario general de la Sección 7 de Chiapas, Isabel González Vázquez, lo dijo con la sencillez feroz que solo los que han vivido 45 años de lucha pueden darse: “quien gobierne, los derechos se defienden”. No hay nombre de partido, ni rostro de mandatario que reemplace esa convicción. Aquí no hay fidelidad a los colores del poder: hay lealtad a la memoria de los que han caído en cada sexenio, en cada represión, en cada promesa rota.
Este reporte no es un elogio fácil. Es información sobre la constancia que el Estado ignora. La CNTE no se ha ido, no se ha vendido, no se ha desdibujado. La Asamblea Nacional Representativa sigue evaluando, deliberando, construyendo desde la base lo que los despachos prefieren ocultar con cifras. El plantón se mantiene. Las mesas continúan. Y, sobre todo, la exigencia central no cambia: abrogar la Ley del ISSSTE de 2007. No reformarla, no maquillarla, no dilatarla. Abrogarla.
En una época donde la política se ha vuelto espectáculo de tiktok y ocurrencia, la CNTE representa lo contrario: una resistencia que no necesita likes, sino convicciones. Su lenguaje es otro: uno en el que aún caben las palabras “dignidad”, “memoria”, “colectivo”.
Los dirigentes lo dijeron con una precisión que retumba: “El paro es culpa del Estado”. Y es cierto. No hay romanticismo en acampar bajo la lluvia, ni heroicidad gratuita en suspender clases: hay una urgencia histórica que no encuentra eco en la burocracia encapsulada de la Secretaría de Gobernación.
Desde el templete, un eco cruzó el aire espeso de la capital: “Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”. En esa frase no hay ideología, hay historia.
Información obtenida en la conferencia de prensa de los dirigentes de la CNTE, el 2 de junio de 2025, durante su movilización en la Ciudad de México, mientras una comitiva acudía a la Secretaría de Gobernación.