Crónica del mapa de la salud en Oaxaca

En Oaxaca, hablar de salud es hablar de geografía. El mapa no es un adorno. Son montañas que aíslan, ríos que interrumpen, caminos que se desgarran en la primera tormenta. En ese territorio disperso y desigual, el gobernador Salomón Jara Cruz construyó un discurso que mezcla cifras duras con imágenes de esperanza.

El punto de partida fueron los números: 21.8 puntos porcentuales menos de población sin acceso a servicios médicos entre 2022 y 2024. Una reducción que significa que casi un millón de personas dejaron de vivir en el abandono sanitario. El Inegi, ese árbitro estadístico, confirmó la tendencia. Oaxaca pasó de ser la segunda entidad con mayor rezago en salud a ocupar el quinto lugar.

Detrás de la estadística está la política. Jara atribuyó la mejora a la coordinación con la Federación y a programas estatales como la Farmacia Bienestar. No es un detalle menor: la salud se volvió también un campo de legitimidad, un terreno donde medir el peso real de la llamada Primavera Oaxaqueña.

La estrategia emblema tiene nombre de movimiento: Rutas de la Salud. En la narrativa oficial, las cifras se convierten en metáfora: 1,056 kits de medicamentos distribuidos en 767 clínicas de primer nivel, a través de 77 vehículos que recorrerán 184 rutas. El número frío se traduce en la promesa de que “se llegará hasta la última milla”, es decir, hasta el consultorio más aislado.

Jara insistió en el objetivo inmediato: alcanzar un abasto de entre el 90 y 100% en todos los centros de salud y CESSA de las seis jurisdicciones sanitarias. Una meta ambiciosa para un estado donde los reclamos por falta de medicinas han sido parte del paisaje cotidiano.

El anuncio no se limitó a medicamentos. El gobernador inauguró en Santiago Cuxlahuaca una nueva Farmacia Bienestar, la número 12 en la entidad. Allí, los servicios gratuitos incluyen consultas médicas, atención dental, exámenes de la vista, lentes y estudios de laboratorio. “La salud es un derecho, no un privilegio”, subrayó, retomando una frase que condensa la filosofía de su administración.

También puso en marcha la caravana estatal de mastografías gratuitas, con la meta de 30 mil estudios en 2025. La política pública se cruza aquí con el género y la prevención: el cáncer de mama ya no es un tema secundario, sino una prioridad visible.

El discurso, sin embargo, no fue sólo técnico. Jara conectó la salud con el combate a la pobreza y con su forma de ejercer el poder. “Somos un gobierno de territorio, no de escritorio”, afirmó. La frase intenta romper con la imagen de gobernantes alejados, encerrados en oficinas. En su narrativa, la visita constante a los 570 municipios es parte de la estrategia contra la desigualdad.

Los componentes del éxito, según él, son cuatro: cercanía territorial, programas sociales propios como Mi primera chamba y la tarjeta Margarita Maza, gobernabilidad que garantiza paz social e inversión, y unas finanzas públicas sin endeudamiento.

El ensayo de la mañanera terminó por mezclar tres planos: la política social, la estrategia sanitaria y la definición de un estilo de gobierno. Oaxaca aparece, así, como un laboratorio donde se intenta demostrar que el Estado puede cumplir con derechos elementales.

Los desafíos permanecen: la obesidad infantil, la comida chatarra en las escuelas, las denuncias laborales en almacenes de salud, la orografía que complica cualquier operación. Pero el relato de Jara es claro: la prioridad está en asegurar que cada clínica cuente con medicamentos, que cada mujer pueda acceder a una mastografía, que cada comunidad tenga un lugar donde se respire la promesa de bienestar.

Al final, la crónica de las Rutas de la Salud no sólo habla de cajas distribuidas y vehículos en carretera. Habla de un Estado que intenta, con todos sus recursos y limitaciones, cerrar la brecha entre la geografía y el derecho. Y en Oaxaca, eso equivale a intentar lo imposible.