
El flagelo de la pobreza en Oaxaca
MISAEL SÁNCHEZ / PRESUPUESTO INFORMATIVO
Una de las mejores noticias del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) es que en Oaxaca los niveles de pobreza se redujeron de 64.3% a 61.7% entre 2018 y 2020.
El dato es excelente porque de alguna u otra manera, indica que se redujo el número de pobres en la entidad.
Sin embargo, no es suficiente.
La razón es sencilla. Mientras en Oaxaca estamos en 61.7% en niveles de pobreza, el promedio nacional es de 43%.
Todavía seguimos estando a casi 20 puntos de los niveles de pobreza promedio del país.
Y no es culpa de éste o los anteriores gobiernos.
Es un lastre que arrastramos los oaxaqueños desde hace mucho tiempo y que demanda el esfuerzo de los gobiernos y todos los sectores de la sociedad para mejorar nuestras condiciones socioeconómicas.
El reto no es fácil. Y menos si en los gobiernos son nombrados servidores públicos corruptos, de esos acostumbrados a darle la vuelta a la ley, retrasar presupuestos, generar subejercicios y apresurar inversiones para beneficio propio o de intereses facciosos y de partido.
Hay que reconocer que, con la actual administración federal, cuando menos en las comunidades rurales e indígenas, se tiene una nueva infraestructura carretera y de comunicaciones.
Es de esperarse que las autopistas a la Costa y el Istmo, así se inauguren en esta o la siguiente administración estatal, atraigan capitales para promover el desarrollo.
Las inversiones tan esperadas no llegan a Oaxaca por la falta de infraestructura y carreteras, cuando se tengan tiene que haber una mayor actividad económica.
Y a ello debemos sumarle, también en el corto y mediano plazo, la operación del Corredor Interoceánico, con todo y los proyectos que trae consigo, la atención a los pueblos originarios, con inversiones que beneficien a los dueños de la tierra, así como la construcción de parques industriales y un corredor económico que está destinado a ser el mejor activo económico y de comunicaciones en el sureste mexicano.
Por el momento, la mayor amenaza que existe para el ciudadano común es la presión inflacionaria, pues la carrera alcista de precios puede profundizar los niveles de pobreza, tanto en las zonas urbanas como rurales e indígenas.
Y lo peor, mientras más pobres existan, la nueva clase política que al final no es tan nueva tendrá mejores herramientas para experimentar con políticas públicas que multipliquen la pobreza y la miseria.