Entre manuscritos y acervos, la UABJO distingue a María Isabel Grañén Porrúa por su legado cultural

 

El Teatro Macedonio Alcalá, con sus vitrales que filtran la luz como si fueran páginas iluminadas, volvió a ser escenario de una ceremonia que honra no sólo trayectorias, sino convicciones. La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) celebró este 5 de noviembre una sesión solemne de su Consejo Universitario para investir a tres figuras con el grado de Doctor Honoris Causa. Entre ellas, la historiadora del arte María Isabel Grañén Porrúa, cuya vida ha sido una cruzada silenciosa por rescatar la memoria bibliográfica de México.

La doctora Grañén Porrúa no llegó al teatro como visitante. Llegó como parte de la historia que ella misma ayudó a escribir. Su vínculo con Oaxaca no es circunstancial ni decorativo. Desde los años noventa, cuando encontró libros apilados y olvidados en una bodega universitaria, supo que su tarea no era sólo académica: era moral. Aquellos volúmenes, que otros habrían desechado como papel viejo, se convirtieron en el germen de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, hoy uno de los acervos más importantes del país y reconocido por la UNESCO.

La UABJO, que entonces le abrió las puertas para organizar y clasificar ese fondo bibliográfico, hoy le devuelve el gesto con una distinción que no se otorga por cortesía, sino por justicia. En su discurso, la doctora Grañén Porrúa no habló de sí misma como heroína. Habló de los libros como testigos, de los archivos como trincheras de la memoria, de las comunidades como destinatarias legítimas del patrimonio cultural. “El patrimonio no es para unos pocos, sino para todos”, dijo con voz pausada, mientras el público se ponía de pie.

Su trayectoria es vasta y concreta. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana y doctora por la Universidad Hispalense de Sevilla, ha dirigido el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el Centro Fotográfico Álvarez Bravo y la asociación civil Adabi de México, con la que ha recuperado más de 662 archivos en 27 estados del país. Ha catalogado más de 190 mil libros de fondo antiguo, restaurado 83 colecciones fotográficas y publicado más de 800 títulos sobre fuentes históricas. Su trabajo no es decorativo: es estructural.

La reorganización del Archivo General del Estado de Oaxaca, que ella encabezó durante seis años, no fue una operación técnica. Fue una cirugía cultural. Se estabilizaron documentos, se construyeron bóvedas, se diseñaron talleres de restauración y se creó una biblioteca infantil. Todo con el objetivo de que la historia no se quedara encerrada en cajas, sino que respirara entre manos jóvenes. Su colección personal de más de 500 piezas de indumentaria indígena oaxaqueña documenta, además, los cambios de tradición en la segunda mitad del siglo XX.

Para la doctora Grañén Porrúa, recibir el Doctor Honoris Causa de la UABJO no es un premio. Es una confirmación. “Oaxaca ha sido para mí un paraíso de belleza donde he sido acogida y regada con amor”, dijo ante el auditorio. Y no lo dijo como visitante, sino como alguien que ha sembrado raíces. Su labor une lo micro —una carta, una foto, un cuaderno— con lo macro —una biblioteca, un archivo, un museo—. Esa capacidad de vincular lo íntimo con lo institucional es lo que la convierte en artífice de la memoria.

La decisión del Consejo Universitario de la UABJO fue unánime. No hubo dudas. La investidura, realizada por el rector Cristian Eder Carreño López, fue más que un acto protocolario. Fue el reconocimiento de una vida dedicada a que los libros no mueran, a que las bibliotecas no se conviertan en mausoleos, a que la historia no se pierda en el ruido de lo inmediato.

Junto a María Isabel Grañén Porrúa, también fueron investidos Carmen Enedina Rodríguez Armenta, directora general del CENEVAL, y David Rogelio Colmenares Páramo, Auditor Superior de la Federación. Tres trayectorias distintas, un mismo compromiso: servir al país desde el conocimiento, la ética y la cultura.

Pero fue Grañén Porrúa quien convirtió el acto en una lección. No habló de sí misma como figura. Habló de los libros como puentes, de los archivos como refugios, de la memoria como cimiento. Y en ese teatro que ha visto pasar generaciones, su voz quedó registrada como una página más en la historia viva de Oaxaca. Porque hay quienes escriben libros. Y hay quienes los salvan.

Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx