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Firma del contrato de donación de la colección de planos y dibujos del arquitecto Francisco Tort i Ràfols (1851-1921)

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Entre sus acervos, la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC) conserva una colección de planos y dibujos originales de obras que el ingeniero Francisco Tort i Ràfols realizó o proyectó en los estados de Oaxaca y Chiapas entre finales del siglo XIX y la primera década del siglo XX. Estos planos llegaron a nuestra institución como un donativo generoso de la familia Tort de Oaxaca en el año de 2006.

Francisco Tort i Ràfols, junto con sus hermanos, formaron parte de una generación de ingenieros y empresarios decimonónicos que lucharon por implementar en México la idea del progreso que dominaba en aquel entonces. Centraron todos sus sueños, capacidades y esfuerzos en promover la industrialización del país. Según las ideas de la época, la inversión industrial y la modernización de la infraestructura iban a producir la consolidación del país, y para lograrla se les brindaron condiciones muy ventajosas. A la vez el Estado invirtió de manera importante en la infraestructura comercial y educativa, para formar los nuevos cuadros que iban a dirigir la nación “moderna”.
En todo este proceso era imprescindible el trabajo de los ingenieros-arquitectos. Desafortunadamente, el proceso industrializador condujo a impagables costos sociales que produjeron el estallido revolucionario que conocemos.
De la importante actividad constructiva de los años anteriores a la Revolución nos quedan muy pocos planos y dibujos originales.

 

Antecedentes

 

Antes de la donación, el Dr. Sebastián van Doesburg logró identificar, entre los materiales conservados en el Archivo General del Estado, los planos del ingeniero del estado, Rodolfo Franco, los cuales fueron presentados al público en el año 2006 en la Casa de la Ciudad. Con motivo de la celebración del Centenario de la Revolución mexicana, la Casa de la Ciudad expuso en 2010 una segunda colección de materiales originales que hacen resaltar el trabajo del ingeniero Francisco Tort i Ràfols y su valiosa aportación a la arquitectura porfiriana de la ciudad de Oaxaca.

El rescate de estas colecciones de planos es un hecho muy afortunado para la historia de la arquitectura en Oaxaca: se trata aquí de los dos principales arquitectos del Porfiriato en Oaxaca. Las obras de Franco y Tort son sin duda las que representan la cara porfiriana de la ciudad. Aunque se suele caracterizar a Oaxaca como una ciudad colonial, hay que reconocer que gran parte de la arquitectura de su centro pertenece más bien a las tres décadas anteriores a la Revolución mexicana.

Arquitectura mexicana del Porfiriato.

 

La arquitectura de la época porfiriana es fundamentalmente una continuación del rumbo que la arquitectura mexicana había tomado desde la reapertura y consolidación de la Academia de Bellas Artes a mediados del siglo XIX. Sobre todo a partir de 1857, bajo la dirección de Francisco Javier Cavalleri, la Academia promovió las ideas del historicismo desarrollado en el norte de Europa a favor del rigor del neoclasicismo mediterráneo. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, a partir de 1877, el historicismo deriva en el eclecticismo, con una mayor libertad de combinar e integrar distintos lenguajes arquitectónicos.

 

El gobierno de Porfirio Díaz promovió con fuerza esta arquitectura como expresión de su ideología y política liberal del llamado “progreso”, de la industrialización y mejoramiento de la infraestructura productiva y administrativa. Para ello se intensificaron los nexos con las academias europeas, sobre todo la de París, Londres y Roma. La pauta de este movimiento la marcaron los inversionistas nacionales y extranjeros de capital privado, motor de la economía porfirista, seguidos poco después por el Estado mexicano. Tanto en proyectos particulares como públicos notamos la influencia del estilo neo-gótico, del clasicista, ecléctico francés y del art nouveau. Al mismo tiempo dentro del mismo eclecticismo, surgieron los proyectos de carácter nacionalista, en los cuales, elementos decorativos de las culturas mesoamericanas engalanaron pedestales y pabellones de índole nacionalista. La estabilidad y continuidad política de la época permitió el desarrollo de proyectos de gran escala y de costos elevados. Nuevas técnicas constructivas europeas, entre ellas la estructura de metal prefabricada, llegaron a México, aplicándose en la industria y en los nuevos espacios públicos (mercados, hospitales, teatros, etc.). En algunos casos se importaban hasta los materiales de construcción.

 

En Oaxaca, la introducción de esta arquitectura ocurrió tardiamente. Pero a finales del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril, la presencia de la nueva arquitectura se hizo evidente. La remodelación de las fachadas del Instituto de Ciencias y Artes en un estilo clásico francés, y la construcción del Panteón municipal, de estilo meramente clásico, anunciaron ya elementos de la nueva arquitectura en su decoración y elementos constructivos. Sin embargo, es durante la primera década del siglo XX cuando el Ingeniero Rodolfo Franco y su colega Francisco Tort incorporan a Oaxaca en el panorama de la arquitectura porfirista ecléctica.

 

Texto elaborado con base en información recaudada por Sebastián van Doesburg, Silvia Mercedes Hernández-Mejía Tort y Ana María Tort Rodríguez.

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