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Honor a quien honor merece

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Por Fernando Cruz López.

En mi ya casi 45 años de ejercicio periodístico, he tenido la oportunidad de comentar, documentar, escribir o editorializar, según sea el caso, diversos hechos del acontecer diario, lo he realizado en periódicos, televisión, redes sociales y por supuesto a través de la radio, han sido eventos a veces trágicos como son los fenómenos naturales, políticos como es la llegada al poder de 7 gobernadores del estado, alegres como son las fiestas de la guelaguetza, en fin he podido escribir de todo y como dice la canción sin medida.

Sin embargo, jamás había podido narrar algo tan triste y que me doliera tanto, como la muerte de mi amada madre María Elena López de Cruz, una mujer cien por ciento Solteca, madre de 5 hijos, esposa fiel e incansable ama de casa.

A todos les pido perdón si se molestan por este comentario que no tiene nada de político, pero hoy lo debo de hacer, pues se lo debo, es un asunto de honor, debido a que mi madre fue la única que en su tiempo creyó en mi cuando siendo apenas un joven de escasos 17 años llegue a decirle que por fin me habían contratado, en ese tiempo en el periódico el fogonazo.

Mi madre me animo a seguir en este noble oficio, en los días que estaba por tirar la toalla, se acercaba a mi con cariño solo para decirme que un Solteco no podía rendirse a la primera y me retaba a seguir adelante y así lo hice, han pasado ya 45 años y aquí sigo con mucho ánimo, energía, salud para continuar hasta el día que Dios diga hasta aquí.

Pues bien, les cuento que hace unos días mi madre se contagió de Covid, pensé que todo saldría bien, aunque tenía algunos padecimientos propios de su edad, estaba bien controlada y pensé que saldría adelante, como muchas veces lo hizo cuando enfrento diversas situaciones a lo largo de sus 82 años de edad.

Los días pasaron y la situación se complicó, el pasado lunes cerca de las 13 horas, la enfermera que la atendía me comienza a reportar que su presión arterial comenzaba a bajar y que su oxigenación disminuía poco a poco, al tiempo que los niveles de glucosa se disparaban, en cuestión de minutos mi madre parte de este mundo, ni cuenta se dio, algo que agradezco a Dios.

En esos días, yo le había pedido a Dios que si ya había llegado el tiempo de que mi madre partiera a su presencia, que no sufriera y que no tuviera una larga agonía, Dios fielmente escucho mi plegaria, doña María Elena López de Cruz partió de este mundo sin dolor y muy tranquila.

El impacto en la familia fue tremendo, no pudimos velarla, su médico recomendó que era mejor cremarla pues aún podía haber más contagios, pregunte que se hacía en esos casos y me decían lo mismo, asi que se cremo.

Al otro día, es decir el martes pasado, me citaron en la agencia funeraria Banuet, jamás me había imaginado salir de ese lugar y menos con las cenizas de mi madre en una pequeña urna, doña Male había sucumbido ante ese miserable bicho del Covid, ella fue otra de los miles de víctimas de esta fatídica pandemia que ha enlutado miles de hogares en todo el mundo.

Por la tarde del pasado martes, la Familia y algunos amigos nos reunimos para tener una pequeña ceremonia luctuosa y así despedimos a una gran mujer, una oaxaqueña muy generosa, que dejo una gran familia, hoy doña María Elena López de Cruz ya está en el cielo.

Mamita querida…Descansa en Paz…….Búsqueme en Twitter como @visionpolitica7.

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