Panorama de la economía en Oaxaca

 

 

Sandra Luz Roldán

En el primer trimestre de 2025, Oaxaca registró un crecimiento anual del 5.7 % en su actividad económica, colocándose entre las entidades con mayor avance del país. Sin embargo, detrás de ese número hay una historia más compleja: una economía que crece en algunos sectores, pero que aún enfrenta profundas desigualdades estructurales.

Las actividades agropecuarias, forestales y pesqueras siguen siendo el pilar de muchas comunidades oaxaqueñas. En regiones como la Mixteca y la Sierra Sur, el cultivo de maíz, café y agave mantiene a miles de familias, aunque con márgenes de ganancia cada vez más estrechos.

“Yo no tengo tractor ni riego, pero tengo tierra y ganas”, dice don Eusebio, productor de maíz en San Juan Mixtepec. “El problema no es sembrar, es vender. Y que el precio no lo pongan los de fuera.”

El crecimiento en este sector ha sido moderado, pero constante. La resiliencia del campo oaxaqueño, pese a la falta de infraestructura y apoyos técnicos, es una de las razones por las que la economía estatal no se ha desplomado en tiempos de crisis.

La industria manufacturera, la construcción y la minería representan el sector secundario. En Oaxaca, este grupo sigue siendo el más débil. La falta de inversión privada, la escasa conectividad y la complejidad geográfica limitan el desarrollo industrial.

En municipios como El Tule o Tlacolula, pequeñas fábricas de mezcal y talleres de textiles artesanales operan con lo mínimo. “Aquí todo es a mano, desde el telar hasta el etiquetado”, comenta Mariana, joven emprendedora de Teotitlán del Valle. “Nos dicen que somos industria, pero no tenemos ni luz estable.”

La minería, por su parte, enfrenta resistencia social y ambiental. Aunque existen concesiones activas, el impacto económico es marginal frente al costo ecológico y comunitario.

El comercio, los servicios y el turismo conforman el sector terciario, el más dinámico en Oaxaca. La capital y destinos como Huatulco y Puerto Escondido han visto una recuperación importante en el flujo turístico, lo que ha impulsado restaurantes, hoteles y transporte.

Sin embargo, la informalidad domina. Más del 60 % de los trabajadores en este sector no tienen seguridad social ni contrato. “Yo vendo tlayudas desde hace 20 años, y nunca he tenido un recibo de nómina”, dice Leticia, comerciante del Mercado de Abastos. “Pero aquí estamos, trabajando diario.”

La educación, la salud y los servicios públicos también forman parte de este sector, aunque con grandes disparidades entre zonas urbanas y rurales.

A nivel nacional, estados como Sinaloa (7.0 %), Guerrero (8.0 %) y Nayarit (4.7 %) también mostraron avances significativos. En contraste, Campeche (-16.8 %), Tabasco (-12.3 %) y Quintana Roo (-9.2 %) registraron caídas pronunciadas.

Oaxaca, con su 5.7 %, se posiciona como una entidad con crecimiento sostenido, pero con retos estructurales. La falta de infraestructura, la dispersión territorial y la informalidad laboral siguen siendo obstáculos para un desarrollo más equitativo.

Expertos y actores locales coinciden en que el fortalecimiento de la economía oaxaqueña pasa por:

– Inversión en infraestructura rural y conectividad.

– Apoyo técnico y financiero a productores agropecuarios.

– Formalización progresiva del comercio y los servicios.

– Protección del patrimonio natural frente a proyectos extractivos.

– Educación económica en comunidades indígenas y rurales.

Oaxaca no es solo cifras. Es don Eusebio sembrando sin garantía. Es Mariana tejiendo sin subsidio. Es Leticia vendiendo sin contrato. Es una economía que no se rinde.